Desde marzo de 2021 la Unión Europea fue sustituyendo progresivamente el antiguo etiquetado energético —con clases que llegaban a A+++— por una escala más simple de A a G. En 2026 ya no quedan excepciones: frigoríficos, lavadoras, lavavajillas, secadoras, televisores y luminarias comercializados en España deben mostrar la nueva etiqueta en tienda y en comercio electrónico.
El cambio ha generado confusión entre quienes interpretan una clase C como señal de baja eficiencia, cuando en realidad puede tratarse de un aparato de gama alta bajo un baremo más exigente. Antes de renovar un electrodoméstico, conviene entender qué información aporta la etiqueta y cuáles son sus límites.
Qué datos aparecen en la etiqueta
La ficha incluye la clase energética (de A, la más eficiente, a G), el consumo anual en kWh calculado según ciclos de prueba estandarizados, la capacidad útil en litros o kilos según el aparato, el nivel de ruido en decibelios y, en frigoríficos combinados, la clasificación del compartimento congelador.
El dato más útil para estimar el impacto en la factura suele ser el consumo anual en kWh, no la letra. Dos modelos en clase B pueden diferir en un 15 % de consumo real si varían en volumen o en tecnología del compresor. La letra resume; el número concreta.
Por qué un A+++ antiguo no es un A actual
La escala anterior había perdido discriminación: más del 90 % de los frigoríficos vendidos en 2020 figuraban en las clases superiores. La nueva escala «reescala» el mercado para reservar la A a los productos más eficientes disponibles y dejar margen para futuras mejoras técnicas.
Esto implica que un frigorífico comprado hace cinco años con etiqueta A+++ podría equivaler hoy a una D o E si se sometiera al nuevo protocolo de medición. No significa que el aparato haya deteriorado su rendimiento, sino que el referente ha cambiado. Sustituir un electrodoméstico en buen estado solo por la etiqueta suele ser innecesario; hacerlo al final de su vida útil, comparando kWh anuales, sí puede tener sentido económico.
Cómo calcular el ahorro aproximado
Multiplique la diferencia de kWh anuales entre el modelo actual y el candidato por el precio del kWh de su contrato eléctrico. Con una tarifa doméstica de referencia de 0,18 €/kWh, pasar de 280 kWh/año a 180 kWh/año en un frigorífico supondría unos 18 € anuales de ahorro. En lavadoras de alta frecuencia de uso, la cifra puede duplicarse.
Conviene añadir el coste de instalación, la eliminación responsable del aparato antiguo —muchas tiendas lo gestionan al entregar el nuevo— y el precio de adquisición. La amortización en menos de cinco años es razonable en electrodomésticos de uso intensivo; en secadoras o lavavajillas de hogares pequeños, el plazo puede alargarse.
Compras online: verificar la ficha completa
La normativa exige que la etiqueta energética sea visible en la ficha del producto antes de la compra, con el mismo formato que en tienda física. Si solo aparece la letra sin el consumo en kWh, es un indicio de ficha incompleta. El registro europeo EPREL permite consultar la etiqueta oficial introduciendo el modelo exacto.
En marketplaces con vendedores terceros, verifique que el producto comercializado en España incluye etiquetado conforme al Reglamento (UE) 2017/1369. Los modelos importados de fuera de la UE pueden carecer de homologación adecuada.
Relación con otras decisiones del hogar
La eficiencia del aparato es una pieza del puzzle. La tarifa eléctrica, los hábitos de uso y el aislamiento de la vivienda influyen tanto o más en la factura global. Quien esté revisando gastos del hogar puede cruzar esta información con el análisis de precios en la cesta de la compra o con las novedades en reclamaciones ante entidades bancarias, otra fuente habitual de gastos evitables.
Programas de ayuda y fiscalidad
Algunas comunidades autónomas mantienen líneas de subvención para sustitución de electrodomésticos antiguos, aunque los cupos suelen agotarse en semanas. La deducción por mejora de eficiencia energética en el IRPF, cuando aplica, exige factura detallada y que el aparato figure en categorías elegibles. Consulte la normativa autonómica vigente antes de contar con una ayuda concreta.
En resumen: la nueva etiqueta es más honesta y comparativa que la anterior, pero exige leer más allá de la letra. El consumo anual en kWh y la fecha prevista de sustitución del aparato actual son los dos datos que más ayudan a decidir con cabeza fría.